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EMPÁPATE DE DOGTOR ANIMAL

Aquí encontrarás un espacio con noticias, eventos, artículos, videos… y conocer de una forma diferente tanto a nuestro equipo humano como animal, nuestros programas y nuestros usuarios.

¡Mójate con el efecto Dogtor Animal-sonríe!

Mayo - Sugus y Gominola como animales de intervención

¿Ratas como animales de intervención?

¡Estos humanos están locos!

Cuando a Lolo y a mi, Dora, nos dijeron que nuestra familia iba a crecer, lo que menos me iba a imaginar es que Ana, mi compañera humana nos iba a meter ¡ratas en casa! Si, si, RATAS. Con su cola larga, sus bigotes, sus orejas redondas grandes y sus pequeñas patitas.
Al principio confieso que no era lo que más ilusión me hacia, porque eran animales con los que no había compartido nunca vida y era un poco reticente… ¿Serán buenas?, ¿morderán?, ¿romperán mis juguetes?, ¿me quitarán mi “trabajo”?

Primero llegó Sugus, una pequeña bola blanca y gris con más orejas que cabeza, al que le encantaba comer y dormir sobre las piernas de mi humana y no me dejaba hueco para mis siestas sobre ella. He de decir que aunque no éramos mejores amigos, nunca he intentado comérmelo, y hemos compartido muchos momentos juntos de sofá. Aunque cuando decidía hacerme la “paticura” me hacía tantas cosquillas que tenía que irme a mi colchón, creo que lo hacía para quedarse con todo el sofá para el.
Sugus la verdad siempre ha sido muy cariñoso, y mi humana esta encantada con los besitos que le da en las manos. Dice que se deja coger por todo el mundo, que es muy mimoso, disfruta mucho de las caricias y que es muy tranquilo, aunque yo creo que es más bien un poco vaguete, pero por lo visto todo esto le hace muy buena ratita de intervención.

Al poco tiempo llegó Gominola, pues Sugus necesitaba un hermanito de su mismo sexo para convivir, ya que nosotros no éramos suficiente para el. Necesitaba alguien de su especie. Y así llegó el torbellino hecho rata; inquieto, curioso, y ¡muy pesado! No había quien durmiese la siesta a su lado, todo el rato buscaba comida en mi boca, me mordía en la trufa y me rebuscaba entre el pelo, ¡no paraba ni un segundo!. Aunque por lo visto, ser tan alegre, curioso, sus pequeños mordisquitos para acicalar y su carácter alegre también lo convertían en una buena ratita de terapia. ¿Y cómo puede ser? ¡Son tan diferentes! Pero ahora que lo pienso… Lolo y yo también lo somos. A mi me gusta más jugar, curiosear y andar de un lado a otro, igual que a Gominola; y a Lolo le gustan más las siestas y los mimos como a Sugus. ¡Al final no vamos a ser tan diferentes!

Y por qué ratitas para intervenciones os preguntareis…

Pues resulta que es un animal muy sociable, que le gusta el contacto con las personas, generan mucha curiosidad y son diferentes. Además su tamaño es perfecto para poder cogerlos y por lo visto se pueden trabajar muchas cosas gracias a ellos; como la atención, el control de impulsos, la empatía, los cuidados y hasta he oído que los humanos tienen muchos prejuicios sobre ellas, y conocer a Sugus y a Gominola hace que abran sus corazones a estos animalitos de orejas redondas y rabito largo.
Además son primos del ratoncito Pérez, lo que ayuda a mis humanos a crear fantásticas historias de aventuras, y ¿por qué no?, que puedan pedirles algún regalo.

¿Y sabéis lo que más le gusta a todo el mundo? Que se les suban por encima, hacen muuuuuchas cosquillas, y se de lo que hablo, porque a mi se me suben continuamente. También es divertido verlas comer, con sus pequeñas manitas, dando bocaditos a los premios que les dan por portarse bien.
La verdad es que no me importaría ser una rata de Dogtor Animal, porque trabajan incluso menos que yo, porque claro, ellas solas no podrían hacer un programa entero, no como yo, que ya soy una experta. Creo que es porque les queda mucho por aprender, o quizás sea porque su función en Dogtor Animal es dar un toque diferente a los programas, asistiendo a ellos una vez o dos al año, como si fuese una sorpresa…¡que a mi ya me tienen muy vista!

Abril - La vuelta al mundo en 18 días

¿Dar la vuelta al mundo sin moverte del salón?

En Dogtor Animal ¡lo hacemos realidad!

Hay veces que no hay mejor viaje que el que hacemos posible con nuestra imaginación, y es que, para viajar y conocer distintos lugares, culturas y curiosidades, no siempre hay que salir de casa...

¿Y cómo puede ser?

Pues veréis, resulta que estos humanos que tengo como compañeros de trabajo, les apetecía dar la vuelta al mundo, si, si, ¡la vuelta al mundo! Y no en 80 días precisamente, sino en 18. Y eso es lo que hace este viaje tan especial…

En uno de nuestros programas, confieso que es uno de mis favoritos, decidieron que daríamos la vuelta al mundo en 18 sesiones.

Para esto, primero tuvimos que sacarnos los pasaportes, obviamente no se puede viajar fuera de España sin ellos, y nuestro viaje no iba a ser menos. A su vez, tuvimos que conseguir los billetes de avión que nos permitieran realizar nuestra vuelta al mundo tan especial. Y ya, con nuestro billete y nuestro pasaporte, pusimos rumbo allí donde la imaginación nos llevase cada día.

Por supuesto, al llegar a todo destino, tenemos que sellar nuestro pasaporte, porque sino en la aduana no nos permiten pasar, con un sello muy especial, que nos permite volar cada vez más lejos siempre que viajamos.

En cada viaje sacamos nuestro mapa para visualizar cuán lejos estamos de nuestro hogar, e imaginamos cómo es ese destino y cómo sería estar allí. Conocemos diferentes aspectos de su cultura, tradiciones, habitantes… y por supuesto, nos divertimos, y ¡mucho! Porque cada viaje entraña un divertido juego que nos invita a descubrir cosas nuevas a cada paso.

Fdo. Dora.

Marzo - El Gatatús. ¡Eramos pocos y llegó la marrón!

...De cómo Cuba llegó a la vida de su familia...

Hacía cierto tiempo que llevábamos manteniendo el status miau (1) en la casa, habíamos conseguido entendernos… claro que, por aquel entonces, todos maullábamos (2) el mismo idioma.

Para poneros en situación he de decir que en tiempos felices el comando siamés vivíamos maravillosamente bien, entonces llegó el Rayao. Nos costó integrarlo en la corte pero al final aceptó que él era el último en la cadena de la realeza. Estaba claro que él, gato común encontrado en la escalera y encima macho, debía ocupar el último escalafón. Tras muchas "discatsiones" (3) llegamos a un acuerdo y por fin reinábamos en paz… nuestros siervos humanos nos adoraban y así era como debía ser.

Aquella noche observaba mi reino desde la camita privilegiada del radiador. Todo estaba en su sitio, la humana se había ido y llevaba todo el día fuera (algo extraño, pero no despertó en mi ninguna sospecha, ya había pasado otras veces). Mi humano me miraba con adoración, no tenía ningún atisbo de que eso iba a cambiar para siempre…

A altas horas de la noche escuché la puerta de la entrada. Me acerqué para realizar el habitual ritual de bienvenida que utilizo para que mis sirvientes humanos puedan observar mi maravilloso porte mientras paso entre sus piernas con un alegre maullido que parece satisfacerles (aspecto que me ayuda a mantenerles fieles a mi servicio). Cuando se abrió la puerta pensé que me daba un gatatús (4)… ¡ese extraño ser rechoncho y marrón que se acercaba sin ninguna elegancia hacia mi me doblaba en tamaño! Comencé a maullar: “¡¡A las trincheras, nos ataCAN (5)!!” Tanto mis hijas como Rayao se refugiaron buscando un lugar fuera del alcance de ese ser, así mismo debíamos estar estratégicamente colocados para observar la escena desde la seguridad.
Era una bola que no paraba quieta… su lenguaje me resultaba confuso, no entendía su rabo que no paraba de moverse: ¿estaba enfadado o excitado?, y no maullaba (2) en un idioma familiar para mi. Parecía venido de un país extranjero, lejano y desconocido. Sus modales distaban mucho de la etiqueta gatuna habitual en estos casos. Parecía arrasar con todo aquello que se le ponía por delante, y lo peor de todo, se mostraba muy servicial con mis humanos y éstos ¡la miraban embobados! ¡no me lo podía creer! ¿peligraba mi reinado?…

Los días pasaron y descubrimos que el ser se llamaba Cuba, y que era hembra.
Continuaba siendo muy errática en sus conductas y, por supuesto, había que mostrarle cómo se hacían las cosas en mi reino. Tuve que emplear todas mis habilidades felinas para inculcarle cierta educación gatuna. Aunque, he de confesar, que había algo en ella que me enternecía y por ello me mostré mas flexible y no utilicé mis garras, simplemente mi poder mental a través de miradas sostenidas y algún toque ligero con la pata.

Mis humanos parecían felices con el nuevo ser y era curioso como Cuba se mostraba muy complaciente con ellos. Hecho poco habitual en nosotros los gatos que solemos ser objeto de adoración permanente y no al revés.
Tras meses de observación llegue a la conclusión que en mi reino se había incorporado un miembro más en el escalafón más bajo, Cuba estaba por debajo de mis sirvientes humanos.
Pasado el tiempo, mi reino ha recuperado su status miau(1). Mi humana viste a Cuba a juego con ella y se la lleva a un lugar que denomina “trabajo”, parece ser que el ser marrón resulta de gran ayuda allí. Y ambas vuelven muy contentas del”trabajo”.

He descubierto ciertas cartas de humanos pequeños destinadas al ser marrón…estos le agradecen la influencia en sus vidas y le brindan muchas muestras de cariño. Este descubrimiento me ha tocado mi corazón gatuno y siento cierto orgullo porque un miembro de mi séquito apoye a todos estos pequeños humanos. Al fin y al cabo esto supone futuros humanos equilibrados para adorar a los gatos y ser buenos sirvientes.
Así mismo, Cuba se ha desvelado de gran utilidad en ciertos momentos: es fuente de un calorcito bastante agradable durante las siestas de invierno, es de valiosa ayuda en la limpieza de restos de comida del suelo (en la vida gatuna la higiene es importante), nos libera de algunas de nuestras tareas gatunas que resultan, en ocasiones, tediosas como por ejemplo las sesiones de besuqueo de los humanos: actualmente están mas repartidas y en algunos casos podemos delegar en Cuba, escogiendo los momentos que deseamos ser besuqueados y, por último, su servidumbre hacia mis humanos, que les hace estar cada día más felices.
He de confesar, y que quede entre nosotros, que la pequeña cosa marrón (que ahora es una gran cosa marrón) se ha ganado mi corazón y el de mi reino, ya es una mas de la familia…mmm “gatuna” aunque he de mantener las apariencias, entendedme, esto de aceptar otras especies esta muy mal visto entre los felinos pero…, en fin, que haríamos sin ti Cuba…


Autora:
Su majestad felina La Reina Dharma de Pedrezuela. Madre de Lady Asia y Lady Take. Magnanima acogedora de Sir Rayao y amada por sus súbditos Vanessa de Dogtor Animal, Gotzon el proveedor de jamón y Cuba, el ser marrón.



(1) STATU MIAU: (pronunciado [estátu-miau]) es el estado felino de las cosas dentro de un reino gatuno en un determinado momento. Generalmente, es empleada la forma status miau derivada de reducirse la forma in statu miau ante, incorrecta para la Real Academia Felina del Maullido , pero usada usada habitulamente.
(2) MAULLAR: Verbo intransitivo
1.Articular sonidos y maullidos un gato para expresarse o comunicarse.
2.Mantener una conversación un gato con otro acerca de un asunto.
(3) DISCATSIÓN: es un discurso o conversación entre uno o varios gatos que intercambian puntos de vista, ponencias y críticas sobre un tema. A menudo los gatos poseen ideas o visiones contrapuestas.
(4) GATATUS: Mareo o desmayo que sufre un gato por una impresión muy fuerte o por un estado de nervios anormal debido ala incursión de elementos que se alejan de su control.

Febrero - ¿Es la raza lo más importante a la hora de formar o elegir a un perro de intervención?

El equipo perruno de Dogtor Animal está compuesto por 13 perros, hay Labrador Retriever, Golden Retriever, West Highland White Terrier (Westy para los amigos) y de raza mixta o los comúnmente conocidos como mestizos.

Entonces, ¿cuál es la raza ideal?

Para Dogtor Animal no existe una raza ideal, lo que sí existen son individuos ideales para ser perros de intervención.
Hay determinadas razas que son más seleccionadas por sus características generales, como los Labradores o los Golden, que son sociables por naturaleza, pero no quiere decir que cualquier perro de estas razas sea el adecuado.
A la hora de elegir a nuestro perro de intervención debemos valorar muchas cosas para tomar una buena decisión, pero la raza, desde luego, no es una de ellas.

Vamos a ir viendo en qué debemos fijarnos utilizando a Pipa como ejemplo.
La apariencia es importante: no nos referimos a que tenga que ser el perro más guapo del mundo, ni mucho menos, aunque para los enamorados de los perros, como nosotros, todos son preciosos, ¿verdad?
Lo que sí es importante es que provoque sentimientos positivos, como ternura, emoción o confianza. Nosotros, cuando miramos a Pipa, sentimos todo eso y más, ¿no os sale una sonrisa de oreja a oreja al ver esa carita?
En este trabajo el tamaño sí que importa. ¿Por qué? Pues porque no es lo mismo subir a las piernas de alguien un perrito de 5kilos, como Pipa, a un perrazo de 50 kilos.
Si tuviéramos que coger en brazos a uno de los dos, escogeríamos al pequeño sin dudarlo. Pero, no siempre necesitamos perros pequeños, claro. Si necesitamos un perro que ayude a un bebé a apoyarse para mantenerse en pie, por ejemplo, Pipa sería de poca ayuda.

A la mayoría de los peludos no les gusta mucho que les cojan en brazos ni que les demos abrazos muy intensos. ¿Os imagináis lo que pasaría si a esos perritos se les pusieran encima 4 niños a la vez dándoles un abrazo o les cogiera en brazos una persona mayor para darles un sonoro beso? Pues, desde luego, los pobres no disfrutarían lo más mínimo. Por eso, es imprescindible que un perro de intervención disfrute del contacto con las personas, que se deje coger, achuchar y mimar. Pipa en eso, es toda una experta, por eso la fichamos para el equipo.

Por último, los perros de intervención tienen que ser extremadamente sociables, al fin y al cabo, van a pasar buena parte de su tiempo rodeados de todo tipo de personas, sí, de todo tipo, y le tienen que gustar todas ellas.
Esto se puede trabajar cuando son cachorros, sin duda, pero hay perros que tienen una predisposición natural a acercarse a las personas: esos canes que ven a una persona y se acercan moviendo el rabito a recibir mimos, que no sólo disfrutan del contacto, si no que lo buscan. Pues Pipa es así.

Pensaréis que se nos ha olvidado decir que tienen que ser perros muy listos que sepan dar la pata, hacer la croqueta o saludar. Pues no se nos ha olvidado, no, es que eso no es lo importante a la hora de elegir a un perro de intervención.
Al fin y al cabo, con más o menos esfuerzo por nuestra parte, y siempre con adiestramiento basado en el refuerzo positivo, podemos enseñar a cualquier peludo a hacer mil y una habilidades. En definitiva, lo realmente importante es encontrar al perro que disfrute y haga disfrutar trabajando como perro de intervención.

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